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Noticias y Novedades
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    Nuestro párroco, el P. Carlos Cardó SJ, nos da algunas pautas sobre lo que nos corresponde hacer para que la visita de Papa no se convierta solo en un evento fugaz y nos permita crecer como creyentes. Ingrese al siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=nJvdocxXm4Y&feature=youtu.be
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    Solicitamos su colaboración para que nuestra Parroquia pueda seguir proporcionando alimentos no perecibles (arroz, fideos, atún, cereales, menestras, etc.) y pañales a personas de bajos recursos. Pueden traerlos al despacho parroquial, o colocarlos en las canastas ubicadas en la puerta principal del templo los domingos. Socorrer a quien padece hambre y necesidad, está al alcance de todos y es una gran obra de misericordia.
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    Los esperamos todos los miércoles a las 6 de la tarde en el templo para el rezo del Santo Rosario.
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    (Para leer el artículo completo, hacer click en el título) DISCERNIR LA LLAMADA DE DIOS Nos lo explican los primeros escritores cristianos ¿Cómo descubrir la propia vocación, la misión para la que Dios nos ha creado? ¿Cómo conocer cuál es la voluntad de Dios para cada uno? El camino es la oración, entrar en diálogo con Él, para que nos lo pueda hacer ver. Y después, pedir consejo a quien conozca bien el itinerario. ¿Y cómo ser capaz de responder con generosidad? ¿Por qué se siente miedo y vértigo ante la llamada? ”No quieras torcer la voluntad de Dios para acomodarla a la tuya” (SAN AGUSTÍN, Siglo IV) Desde los comienzos, en el nacimiento de la Iglesia, entre los cristianos se hace frecuente entregarse totalmente al servicio del Señor: como sacerdotes, como diáconos, vírgenes… pero también existen hombres y mujeres que deciden vivir célibes (San Justino –filósofo-, San Sebastián –soldado romano-, Santa Inés, …) en medio del mundo, para dedicarse con más disponibilidad al apostolado y a la atención de los demás, o para llevar la fe a otros lugares. También en el matrimonio vivían esa entrega total al apostolado, con la disponibilidad adecuada a su estado y condición (Aquila y Priscila, etc.). Para las familias cristianas de los primeros siglos era un inmenso honor que el Señor llamara a alguno de sus miembros a su servicio. Cada familia procuraba ser un auténtico semillero de vocaciones de entrega a Dios. Hoy, quizá más que en otras épocas, el Señor necesita mucha gente entregada y totalmente disponible para sacar adelante la Iglesia. ¿Vivimos momentos de “crisis de vocaciones”? Lo que en realidad faltan son respuestas valientes a las numerosas llamadas de Dios. Procuremos seguir el ejemplo de los primeros cristianos que, con valentía, demostraron que vale la pena entregar la vida a Dios. Porque, además, Él siempre es mucho más generoso de lo que nosotros podamos ser. Reproducimos los apartados principales de un capítulo del libro Orar con los Primeros Cristianos (Gabriel Larrauri, 2011) sobre el discernimiento de la propia vocación. ¿Qué quiere Dios de mí? - Descubrir y amar su Voluntad 1. (San Clemente Romano, en el año 96, exhorta a los fieles de Corinto a amar y cumplir la voluntad de Dios en todo…) Consideremos cuán cerca está el Señor de nosotros y cómo no se le oculta ninguno de nuestros pensamientos ni de nuestras palabras. Justo es, por tanto, que no nos apartemos nunca de su voluntad. (SAN CLEMENTE ROMANO, Carta a los Corintios, 21, 1) 2. Entreguémonos con diligencia al cumplimiento de la voluntad de Dios, pongamos todo nuestro esfuerzo en practicar el bien. (SAN CLEMENTE ROMANO, Carta a los Corintios, 33) 3. Esforcémonos en guardar sus mandamientos, para que su Voluntad sea nuestra delicia. (EPÍSTOLA DE BERNABÉ, 2) 4. Ya que sabemos que con Dios no se juega, nuestro deber es caminar de una manera digna de sus mandamientos y de su voluntad. (SAN POLICARPO DE ESMIRNA, carta a los Filipenses, 3,1-5,2) 5. (San Cipriano, obispo de Cartago del 248 al 258, nos anima a pedir a Dios la gracia para poder cumplir su voluntad, que a veces nos costará aceptar, como a Cristo en la oración en el huerto de Getsemaní antes de su Pasión…) Pedimos a continuación: Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo, no en el sentido de que Dios haga lo que quiera, sino de que nosotros seamos capaces de hacer lo que Dios quiere. ¿Quién, en efecto, puede impedir que Dios haga lo que quiere? Pero a nosotros sí que el diablo puede impedirnos nuestra total sumisión a Dios en sentimientos y acciones; por esto pedimos que se haga en nosotros la voluntad de Dios, y para ello necesitamos de su protección y ayuda, ya que nadie puede confiar en sus propias fuerzas, sino que la seguridad nos viene de la benignidad y misericordia divinas. Además, el Señor, dando pruebas de la debilidad humana, que él había asumido, dice: Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mi ese cáliz, Y, para dar ejemplo a sus discípulos de que hay que anteponer la voluntad de Dios a la propia, añade: Pero, no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres. (SAN CIPRIANO DE CARTAGO, Del tratado sobre el Padrenuestro, 17) 6. La voluntad de Dios es la que Cristo cumplió y enseñó. (…) El amar al Señor de todo corazón, amarlo en cuanto Padre, temerlo en cuanto Dios; el no anteponer nada a Cristo, ya que Él nada antepuso a nosotros; el mantenernos inseparablemente unidos a su amor, el estar junto a su cruz con fortaleza y confianza; (…) Esto es querer ser coherederos de Cristo, esto es cumplir el precepto de Dios y la voluntad del Padre. (SAN CIPRIANO DE CARTAGO, Del tratado sobre el Padrenuestro, 19) 7. (A veces cuando vemos que Dios nos llama, nos resistimos y luchamos. El Señor respeta nuestra libertad y espera nuestra respuesta…) Nunca debemos olvidar que nosotros no hemos de cumplir nuestra propia voluntad, sino la de Dios, tal como el Señor nos mandó pedir en nuestra oración cotidiana. ¡Qué contrasentido y qué desviación es no someterse inmediatamente al imperio de la voluntad del Señor, cuando Él nos llama…! Nos resistimos y luchamos... (SAN CIPRIANODE CARTAGO, Tratado sobre la muerte, 18, 24) 8. El camino del Reino de los cielos es la obediencia a la voluntad de Dios, no el repetir su nombre. (SAN HILARIO DE POITIERS, Tratado de los Misterios, 37) 9. (Lo único que debe importarnos de verdad en esta vida es cumplir la voluntad de Dios para nosotros…) Renunciar a la propia vida significa no buscar nunca la propia voluntad sino la voluntad de Dios, y hacer del querer divino la norma única de la propia conducta. (SAN GREGORIO DE NISA, Sobre la conducta cristiana, 47) 10. (Dios siempre quiere lo mejor para nosotros, aunque nos pueda costar. ¿Lo quieres Señor? Pues, yo también lo quiero…) En toda ocasión yo digo: «Señor, hágase tu voluntad: no lo que quiere éste o aquél, sino lo que Tú quieres que haga». Este es mi alcázar, ésta es mi roca inamovible, éste es mi báculo seguro. Si esto es lo que quiere Dios, que así se haga. (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilía antes del exilio, 1-3) 11. (Hablando sobre la vocación de San Mateo…) Ya que habéis visto el poder del que llama, considerad también la obediencia del llamado. Porque Mateo no opuso ni un momento de resistencia, ni dijo, dudando: ¿Qué es esto? ¿No será una ilusión que me llame a mí, que soy un pobre hombre? Humildad, por cierto, que hubiera estado totalmente fuera de lugar. (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Sobre San Mateo, 30) 12. ¿Quiénes son los rectos de corazón? Los que quieren lo que Dios quiere [...]. No quieras torcer la voluntad de Dios para acomodarla a la tuya; corrige en cambio tu voluntad para acomodarla a la voluntad de Dios. (SAN AGUSTÍN, Comentario sobre el Salmo 93, 6) 13. Cuando decimos: Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo pedimos que el Señor nos otorgue la virtud de la obediencia, para que así cumplamos su voluntad como la cumplen sus ángeles en el cielo. (SAN AGUSTÍN, Carta a Proba, 130) 14. Tienes una tarea -nos dice san Gregorio también a nosotros-, la tarea de encontrar la verdadera luz, de encontrar la verdadera altura de tu vida. Y tu vida consiste en encontrarte con Dios, que tiene sed de nuestra sed. (BENEDICTO XVI presenta a San Gregorio Nacianceno, 22 agosto 2007) 15. Al catecúmeno, le dice: «Caíste en las redes de la Iglesia (Cf. Mateo 13,47): con vida serás cogido; no huyas; es Jesús quien te ha echado el anzuelo… Muere a los pecados y vive para Él; hazlo desde hoy» («Procatequesis» 5).   (BENEDICTO XVI, presenta a San Cirilo de Jerusalén, 20 junio 2007) Fuente: http://www.primeroscristianos.com/index.php/temas/item/2907-como-descubrir-la-propia-vocacion-la-mision-para-la-que-dios-nos-ha-creado
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    (Si desea leer el artículo completo, hacer click en el título) ¿Cómo eran las mujeres judías de entonces? ¿Qué costumbres tenían? La Virgen María se comportaría como una más entre ellas. Las mujeres judías hablaban solamente en arameo, porque estaba mal visto que tuviesen relaciones con personas de otra raza. Sin embargo María hablaría otras lenguas por su estancia en Egipto y, además, hablaría también el griego, por sus visitas a la ciudad cercana de Séforis, que estaba muy helenizada. Desde niñas se las educaba en la religión judía. Esta instrucción era inculcada en el seno familiar por las costumbres que observaban y también en la escuela de la sinagoga, donde les enseñaban a leer y aprenderse de memoria las escrituras. Debían cumplir con la ley de Moisés. Antes de la puesta del sol de los viernes se preparaban para celebrar el Shabbat. Para ello barrían y limpiaban la casa, mudaban la ropa de la cama y de la mesa. Se purificaban lavándose en una tinaja en casa. Se ponían el mejor vestido. Por la noche celebraban el Shabbat en una cena familiar con todos sus hijos y familiares próximos. Al día siguiente, como les estaba prohibido trabajar, comían de lo que les sobraba la noche anterior. Así se ha hecho siempre. Esta fiesta servía para reunir a los familiares periódicamente y trasmitir la tradición judaica. Respecto a sus costumbres religiosas viajaban a Jerusalén tres veces al año con motivo de las fiestas de Pascua, Pentecostés y Tabernáculos, y permanecían una semana allí. Rezaban mañana y tarde largas oraciones. Las más fervorosas ayunaban a pan y agua dos veces a la semana, los días 2º y 5º. También lo hacían los fariseos, como dice el evangelio, pero estos solo lo hacían para que se les viese, no actuaban con sinceridad. Jesús les atacó mucho por este motivo. Otras costumbres que tenían las mujeres es que podían estar un tanto obsesionadas con cualquier cosa que rompiese la pureza legal. Por ejemplo tenían que hacer abluciones antes de comer (lavarse las manos). No podían tocar sangre humana, comer carne de cerdo, la carne debía de ser exangüe… Eran las encargadas de lavar a conciencia a sus difuntos, además de cortarles las uñas y de afeitarles el pelo. Se explica por qué la Virgen María estaría dentro del sepulcro arreglando la cabeza martirizada de su Hijo. Las demás mujeres que la acompañaban, Salomé, María de Cleofás y María Magdalena quedaron fuera simplemente porque no cabían dentro del sepulcro. El trabajo manual era prácticamente obligatorio. No podían estar ociosas en sus casas, tenían que hacer trabajos de hilandería o de costura. El fruto de su trabajo era para el marido. Lo más apropiado para una mujer era permanecer en casa. Por esto estaba muy mal visto que una mujer judía estuviese sola en la calle. Si salía de casa, debía cubrirse la cabeza con un velo. Una mujer en casa debía madrugar para preparar en el fuego el pan cada día para que su esposo lo encontrase listo y caliente para comer cuando éste se levantaba. Tenía que ir a la fuente del pueblo a por agua en un cántaro. Debía dar de comer a las bestias que tuviese. Era la responsable de todo lo concerniente al hogar, la comida, el huerto del jardín, comprar en el mercado, la educación de los hijos. Tenían una hospitalidad proverbial, por fraternidad, con sus hermanos judíos y por cuestiones religiosas. Escrito por Carlos Llorente. Martes, 08 Marzo 2016 00:00 Fuente: http://www.primeroscristianos.com/index.php/noticias/item/912-la-mujer-judia-en-tiempos-de-jesus-como-vivia-la-virgen-maria
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    (Si desea leer el artículo completo, hacer click en el título) Hoy es un buen día para acordarnos de San José, que es Patrono de la Iglesia Universal. Sobre todo, de su faceta como trabajador, que compartía con su Hijo, y en la que sí nos parecemos a ambos: como ellos, también nosotros encontramos a Dios en nuestro trabajo... Por Alfonso Méndiz La pregunta que formulamos en el titular afecta de modo especial al Hijo de Dios: ¿fue Jesús de profesión carpintero? Esa ha sido la creencia popular. Que José fue el carpintero de Nazaret y transmitió su oficio a Jesús, quien ejerció también esa profesión hasta el comienzo de su vida pública. Pero ¿es eso lo que nos dicen los Evangelios? El relato de S. Mateo incluye un versículo en el original griego (“oùj oûtos estin ho toû téktonos huiós”) que durante siglos se ha traducido así: “¿No es éste el hijo del carpintero?” (Mt 13,55). Una expresión muy parecida se recoge también en S. Marcos: “¿No es éste el carpintero, el hijo de María?” (“oûj oûtos estin ho tekton, ho huiòs tes Marías”). En ambos lugares, la palabra griega “tekton” se ha traducido como carpintero, pues se trataba de un trabajador manual que trabajaba la madera para confeccionar muebles, puertas, etc. Recientes investigaciones han puesto de manifiesto que con esa expresión se designaba en general al profesional que trabajaba artesanalmente la madera y la piedra, especialmente en la construcción; de modo que al imaginarnos el oficio de José y de Jesús hemos de pensar más bien en lo que hoy sería una mezcla de albañil y artesano, y no tanto en un carpintero como los de hoy. De ahí que la frase del Evangelio que hemos citado al principio habría que traducirla así: “¿No es éste el hijo del artesano?”, tal como leemos hoy en las ediciones modernas. De hecho, la palabra “arquitecto” designaba a aquel jefe de obra que dirigía a los diversos “tectones” que intervenían en la construcción. Esa es, justamente, la imagen del oficio de Jesús que muestra “El hombre que hacía milagros”. En la primera secuencia de ese filme vemos a Jesús trabajando la piedra y la madera en las obras de la sinagoga de… Séforis. Y uno podría preguntarse: “¿Pero Jesús no vivía en Nazaret?”. En efecto, así lo refieren los Evangelios. Pero las últimas excavaciones arqueológicas han revelado, por una parte, que Nazaret era entonces un pueblo pequeño y pobre, en el que dudosamente habría trabajo para un carpintero durante todo el año; y, por otra, han situado en Séforis la residencia de Herodes Antipas. Antipas, tetrarca de Galilea y Perea entre los años 4-39 d.C. (es decir, toda la infancia y la juventud de Jesús), había hecho de Séforis la capital de aquel territorio: la había fortificado y la había embellecido con grandes obras públicas, para lo que había sido preciso contratar a cientos de obreros, carpinteros y artesanos. A esto se añade que Séforis se encuentra a sólo 5 Km. de Nazaret: es decir, a una hora a pie. Si imaginamos a Jesús y a José, artesanos que sabía trabajar la piedra y la madera, en una pequeña aldea en la que no había mucho trabajo... es bastante verosímil pensar que ambos hubieran trabajado allí, esporádicamente o de modo estable, justo en los años anteriores al comienzo de la vida pública de Jesús. De hecho, esto es lo que nos muestra el principio de “El hombre que hacía milagros”. Así pues, José y Jesús fueron carpinteros, pero algo más que eso. Fueron artistas que sirvieron con su trabajo a una población mucho más amplia que la de Nazaret. Y con ese oficio se santificaron y santificaron también la realidad que les tocó vivir. A diferencia de la película animada que comento, la mayoría de los filmes -desde la época muda hasta ahora- ha preferido representar a Jesús como carpintero. Así lo vemos en  película "La pasión de Cristo", en el que la Virgen, sin dejar un momento sus tareas en el hogar, sigue con atención el trabajo de su hijo en la carpintería de Nazaret. Ella le vio trabajar la madera durante años, consciente de que también así estaba obrando su Hijo la redención en el mundo. Fuente: http://jesucristoenelcine.blogspot.com.es
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    Hoy día hay padres que prefieren esperar a que sus hijos crezcan para que, cuando tengan suficiente capacidad de tomar decisiones propias, puedan decidir libremente si se bautizan o no. La razón parece lógica: las decisiones que tienen consecuencias importantes han de ser libremente tomadas, y pocas cosas hay más importantes en la vida que incorporarse o no a la Iglesia, que ser cristiano o no. En cambio, muchos padres católicos bautizan a sus hijos a los pocos días de nacer, y no piensan que estén coartando la libertad de sus hijos, ni condicionando injustamente su futuro. Parecen personas razonables. ¿Lo son realmente? ¿Qué implica el Bautismo? Dios ha diseñado para cada ser humano una historia de amor, que se va desvelado poco a poco a lo largo de la vida. En la medida que tengamos un trato cercano con Él, esa historia se irá desvelando y tomando cuerpo. Y el primer paso para que se esa cercanía sea eficaz se da en el Bautismo. La fe cristiana considera el Bautismo como el sacramento fundamental, ya que es condición previa para poder recibir cualquier otro sacramento. Nos une a Jesucristo, configurándonos con Él en su triunfo sobre el pecado y la muerte. En la antigüedad se administraba por inmersión. El que se iba a bautizar se sumergía por completo en agua. Así como Jesucristo murió, fue sepultado y resucitó, el nuevo cristiano se introducía simbólicamente en un sepulcro de agua, para despojarse del pecado y sus consecuencias, y renacer a una nueva vida. El bautismo es, en efecto, el sacramento que nos une a Jesucristo, introduciéndonos en su muerte salvífica en la Cruz, y por ello nos libera del poder del pecado original y de todos los pecados personales, y nos permite resucitar con él a una vida sin fin. Desde el momento de su recepción, se participa de la vida divina mediante la gracia, que va ayudando a crecer en madurez espiritual. En el bautismo nos convertimos en miembros del Cuerpo de Cristo, en hermanos y hermanas de nuestro Salvador, y en hijos de Dios. Somos liberados del pecado, arrancados de la muerte eterna, y destinados desde ese instante a una vida en la alegría de los redimidos. «Mediante el bautismo cada niño es admitido en un círculo de amigos que nunca le abandonará, ni en la vida ni en la muerte. Ese círculo de amigos, esta familia de Dios en la que el niño se integra desde ese momento, le acompaña continuamente, también en los días de dolor, en las noches oscuras de la vida; le dará consuelo, tranquilidad y luz» (Benedicto XVI, 8 de enero de 2006). ¿Por qué la Iglesia mantiene la práctica del bautismo de niños? Esta práctica es de tiempo inmemorial. Cuando los primeros cristianos recibían la fe, y eran conscientes del gran don de Dios de que habían sido objeto, no querían privar a sus hijos de esos beneficios. La Iglesia sigue manteniendo la práctica del bautismo de niños por una razón fundamental: antes de que nosotros optemos por Dios, él ya ha optado por nosotros. Nos ha hecho y nos ha llamado a ser felices. El bautismo no es una carga, al contrario, es una gracia, un regalo inmerecido que recibimos de Dios. Los padres cristianos, desde los primeros siglos, aplicaron el sentido común. Así como  la madre no deliberaba largamente sobre si debía dar el pecho a su hijo recién nacido, sino que lo alimentaba cuando el niño lo requería, así como lo lavaban cuando estaba manchado, lo vestían y lo abrigaban para protegerlo de los rigores del frío, así como le hablaban y le daban cariño,  también le proporcionaban la mejor ayuda que cualquiera criatura humana necesita para desarrollar la vida en plenitud: la limpieza del alma, la gracia de Dios, una gran familia sobrenatural, y una apertura al lenguaje de Dios, de modo que cuando vaya despertando su sensibilidad y su inteligencia contemplen el mundo con la luz de la fe, aquella que permite conocer la realidad tal y como es. Fuente: http://www.primeroscristianos.com/index.php/blogs/francisco-varo-pineda/item/1724-por-que-bautizar-a-los-ninos-pequenos-no-es-mejor-esperar-a-que-ellos-puedan-decidir
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    (Si deseas leer la oración completa, haz click en el título) Hay oraciones que ya están hechas, y nos ayudan a encontrar las palabras que queremos decir. Muchas veces, después de rezar estas oraciones, nos vamos identificando con cada palabra y la hacemos nuestra.  La oración que presentamos a continuación, como todas la oraciones nos unen a Dios, pero esta en especial, también nos une a la Iglesia.
    Versión en castellano de la Oración del Católico Frustrado escrita por James Martin SJ en la revista America.
    Señor, a veces me siento muy frustrado con tu Iglesia. Sé que no estoy solo. Mucha gente que ama a tu Iglesia se siente frustrada con el Cuerpo de Cristo en la tierra. También sacerdotes y diáconos, y hermanos y hermanas, pueden sentirse frustrados. Y apostaría que incluso obispos y papas sienten frustración. Nos preocupamos y molestamos y amargamos y a veces nos escandalizamos porque tu divina institución, nuestro hogar, está llena de seres humanos pecadores. Como yo. Pero sobre todo acabo frustrado cuando siento que hay cosas que deben ser cambiadas y no tengo el poder para hacerlo. Por eso necesito tu ayuda, Dios. Ayúdame a recordar que Jesús prometió que estaría con nosotros hasta el fin de los tiempos, y que tu Iglesia sigue siendo guiada siempre por el Espíritu Santo, incluso si me es difícil verlo. A veces el cambio es repentino y el Espíritu nos sorprende, pero generalmente el cambio ocurre lentamente en la Iglesia. A tu ritmo y no al mío. Ayúdame a confiar en que las semillas que planto con amor en el suelo de tu Iglesia algún día germinarán. Por ello dame paciencia. Ayúdame a entender que nunca hubo un tiempo sin peleas y disputas dentro de tu Iglesia. Los debates retroceden por toda su historia hasta Pedro y Pablo discutiendo entre sí. Y tampoco hubo un tiempo en el que no hubiese pecado entre los miembros de tu Iglesia. Ese tipo de pecado retrocede hasta Pedro negando a Jesús durante su Pasión. ¿Por qué la Iglesia de hoy tendría que ser diferente de la que fue para aquellos que conocieron a Jesús sobre la tierra? Dame sabiduría. Ayúdame a confiar en la Resurrección. Jesús resucitado nos recuerda que siempre hay esperanza de algo nuevo. La muerte no es nunca la última palabra para nosotros. Tampoco la desesperación. Y ayúdame a recordar que cuando Cristo resucitado apareció a sus discípulos portaba las heridas de su crucifixión. Como Cristo, la Iglesia siempre está herida, pero es siempre portadora de la gracia. Dame esperanza. Ayúdame a creer que tu Espíritu puede hacerlo todo: suscitar santos cuando más los necesitamos, suavizar corazones cuando parecen endurecidos, abrir mentes cuando parecen cerradas, inspirar confianza cuando todo parece perdido, nos ayuda a hacer lo que parecía imposible hasta que fue hecho. Este es el mismo Espíritu que convirtió a Pablo, inspiró a Agustín, llamó a Francisco de Asís, empujó a Catalina de Siena, consoló a Ignacio de Loyola, confortó a Teresita de Lisieux, animó a Juan XXIII, acompañó a Teresa de Calculta, fortaleció a Dorothy Day, y le dio coraje a Juan Pablo II. Es el mismo Espíritu que camina hoy con nosotros, y no ha perdido su poder. Dame fe. Ayúdame a recordar a todos tus santos. La mayoría de ellos la pasó mucho peor que yo. Ellos también a veces resultaron frustrados con tu Iglesia, lucharon con ello e incluso fueron perseguidos. Juana de Arco fue quemada por las autoridades de la Iglesia. Ignacio de Loyola fue puesto en la cárcel por la Inquisición. Mary MacKillop fue excomulgada. Si ellos pudieron confiar en tu Iglesia en medio de esas dificultades, yo también puedo. Dame valentía. Ayúdame a tener calma cuando la gente me diga que no pertenezco a la Iglesia, que soy un hereje por tratar de mejorar las cosas, o que no soy un buen católico. Yo sé que fui bautizado. Tú me llamaste por mi nombre, Señor, a tu Iglesia. Mientras tenga aliento, ayúdame a recordar cómo las aguas del bautismo me acogieron en tu santa familia de pecadores y santos. Deja que la voz que me atrajo a tu Iglesia sea lo que yo escuche cuando otras voces me digan que no soy bienvenido en ella. Dame paz. Sobre todo, ayúdame a colocar toda mi esperanza en tu Hijo. Tengo fe en Jesucristo. Dame solo su amor y su gracia, que eso me basta. Ayúdame Dios y ayuda a tu Iglesia. Amén. James Martin, SJ
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